Caballos de hierro

Octubre 26, 1999 - Publicaciones

Si bien, hasta donde yo sé, nunca nadie construyó un caballo de hierro, el término describe claramente un mal invento. El caballo de hierro es la personificación de la obsolescencia, representa la nueva tecnología dentro de un viejo paradigma.

La velocidad del desarrollo tecnológico de los últimos años nos ha traído más y mejor tecnología todos los días. Ahora es mucho más fácil (y rápido) desarrollar una nueva tecnología que cambiar un paradigma. El resultado es, por supuesto, caballos de hierro.

Internet está llena de caballos de hierro, empresas muy respetables que tratan de duplicar en ciberespacio los procesos y actividades que han venido realizando en el mundo de los átomos y la distancia. Un centro comercial electrónico es un caballo de hierro y como tal carece de sentido. Si uno se detiene a pensar (por dos segundos) advierte que el motivo para agrupar diferentes comercios en un centro comercial es puramente geográfico. La geografía, obviamente, carece de sentido en Internet.

Atropellados por locomotora. Publicaciones en Internet que no son interactivas, que no estimulan (ni permiten) la comunicación entre los lectores y que generan sus ingresos con publicidad tradicional, son caballos de hierro. Al no aprovechar los paradigmas de la nueva economía, los caballos de hierro se exponen a ser atropellados por una locomotora.

Pero de todos los caballos de hierro, el cajero automático es el más patético. Sus defensores abundan. Nos dicen que los cajeros automáticos son una maravilla, están abiertos todo el día (a menos que estén "fuera de servicio"), no se cansan y cuestan una tercera parte de los que cuesta un cajero humano (por transacción). Hace unos meses, en la misma edición de La Nación, en una página el Banco de Costa Rica anunció una licitación para la compra de no sé cuántos cajeros automáticos nuevos, y en otra página les avisó a sus clientes que tengan cuidado con los asaltantes que nos esperan a la salida del cajero. Muy bonito.

Desde hace más de 15 años (antes de que llegaran los cajeros automáticos a Costa Rica), existe la transferencia electrónica de fondos en el punto de venta. Esto no es más que un aparato igual al de las tarjetas de crédito con un teclado numérico para que el cliente digite su pin. De esta manera, y con una comunicación segura (utilizando criptografía), es posible la entrega de efectivo en los puntos de venta. El paradigma requerido es muy elemental, casi obvio. En lugar de que los comerciantes lleven el efectivo al banco y el banco lleve el efectivo a los cajeros automáticos para que los clientes lo retiren, los clientes retiran efectivo en el punto de venta. En este caso el costo por transacción es casi 10 veces menor que en el cajero automático. Todo el mundo sale ganando.

Todo el mundo pierde. Con los caballos de hierro, todo el mundo sale perdiendo. Los cajeros automáticos no solo entregan efectivo 10 veces más caro que lo que haría un comerciante, sino también perpetúan el uso del efectivo (el cual también está obsoleto). El verdadero costo del efectivo no está claro, pero es obvio que es mucho mayor que el costo del billete en sí. Al costo del billete (o moneda) hay que agregarle el costo de contarlo miles de veces durante su vida útil, el costo de transportarlo, el costo de custodiarlo, etc., etc.

La manera más eficaz de eliminar el efectivo es hacerlo disponible en todas partes. Todos los otros intentos por eliminar el efectivo (como las tarjetas de plástico sin pin, o las que obligan a ir al cajero automático) han demostrado que no sirven. Son caballos de hierro.

Para implantar la entrega de efectivo en el punto de venta, es necesario dejar de cobrar comisión a los comerciantes por el uso de las tarjetas de débito e instalar los teclados numéricos con transmisión segura. Obviamente, el costo de mantener los caballos de hierro es muchas veces superior a las comisiones generadas por las tarjetas de débito. Son momentos.

Artículo publicado en el periódico La Nación