Conectividad y personalidad

Junio 17, 2001 - Publicaciones

Dentro de dos años, Costa Rica debería ser el país más conectado del mundo. Cuando el ICE logre satisfacer la demanda de teléfonos celulares (incluyendo el servicio prepagado que no requiere depósito), habrá fácilmente 2 millones de celulares. Paralelamente, se está implementando la red digital de datos de cobertura nacional (a partir de fibra óptica, enrutadores y tecnología DSL), que aumentará considerablemente el número de usuarios de Internet. Estimaciones de 1,5 millones de usuarios son sin duda conservadoras.

En el país más conectado del mundo veremos el desarrollo de aplicaciones basadas en la transmisión de datos a altas velocidades desde y hacia dispositivos inalámbricos (aquel extraño cruce entre computador y teléfono). La pregunta que me ha estado dando vueltas es: ¿Cómo afectará, nuestra vida y nuestra manera de interactuar esta enorme conectividad?

Tenemos de todo. En el tiempo de antes (cuando los viejos eran jóvenes), teníamos dos maneras de comunicarnos: oral o escrita. En el caso de la comunicación oral, el que habla y el que oye lo hacían al mismo tiempo, comunicación sincrónica. En la comunicación escrita, por otro lado, el que escribe y el que lee lo hacían en tiempos muy diferentes, comunicación asincrónica. Siendo la comunicación esencial para la vida en comunidad, la educación (formal e informal) dedica considerable tiempo y esfuerzo al desarrollo de las destrezas requeridas para comunicarnos de las dos maneras antes descritas.

Hoy todo se vale, tenemos correo electrónico, correo de voz, telefonía celular, sitios de conversación ("chat rooms"), mensajes de texto interactivos (usando el celular u otros dispositivos) etc. La comunicación oral es cada vez más a menudo asincrónica (como el correo de voz) y la comunicación escrita es muy a menudo sincrónica (como los "chat rooms"). Incluso la diferencia entre la comunicación sincrónica y la asincrónica se torna cada vez más tenue, por ejemplo: mensajes de texto (SMS) en el teléfono celular.

Cada vez hay más y mejores formas de mantenernos comunicados y conectados a precios cada vez más accesibles. Los jóvenes de hoy consideran que estar desconectado es muy parecido a estar muerto.

Gente inculta. Ahora bien, todo esto está muy bien y muy bonito, pero ¿de qué nos sirve toda la tecnología del mundo si no sabemos aprovecharla? ¡Cuántas veces no hemos visto gente, aparentemente bien educada, que no sabe comunicarse por correo de voz ("¡yo no les hablo a las máquinas!") o que no pueden comunicarse efectivamente vía correo electrónico (escriben en mayúsculas, con párrafos larguísimos o muy cortado), o que no conocen las mínimas normas de la decencia y contestan el celular en media reunión (o, peor aún, en el restaurante o en el cine), o jóvenes (incultos) que creen que los mensajes de texto en el celular son para copiar en los exámenes!

Para mí, el reto es claro. Ya los proyectos están en marcha para convertir a Costa Rica en el país más conectado del mundo. El reto es cómo educarnos, suficientemente rápido, en el aprovechamiento de la conectividad de manera que podamos desarrollar nuestra personalidad (¿electrónica?) y no permitir que una sea el lastre de la otra.

Artículo publicado en el periódico La Nación.