Estrategia en la nueva economía

Octubre 13, 2003 - Publicaciones

A pesar del uso y el abuso que se ha hecho del término, es un hecho que vivimos en una nueva economía. Nos guste o no, vivimos en una economía cada vez más globalizada, más competitiva, más volátil y más dependiente de conocimientos que de activos.

Como ilustra tan elocuentemente Juan Enríquez, un tercio de la economía mundial era agrícola en 1960, un tercio era industrial y el tercio restante eran servicios. En 1990, la agricultura era apenas un 4% de la economía mundial, la industria seguía siendo un tercio y el resto eran servicios. La economía basada en servicios sigue creciendo. Los servicios se basan en conocimiento y en tecnología. El desarrollo de la tecnología, a su vez, se basa en conocimiento. No hay duda de que, hoy, el factor de la producción más importante, por mucho, es el conocimiento.

Sudor de la mente. Hace 25 años afirmaban que la tecnología iba a desplazar a la gente. En cambio, lo que ha pasado y sigue pasando es que la gente se dedica a labores de mucho más valor agregado, labores que requieren el sudor de la mente. Desde hace años, los modelos de negocio basados en mano de obra barata dejaron de ser viables en Costa Rica. Siempre habrá alguien dispuesto a vender más barato el sudor de su frente. Está claro que debemos buscar modelos de negocios que vendan mente de obra, cara.

Nunca en la historia de la humanidad habían sido las organizaciones tan complejas como las de hoy. Nunca ha cambiado el mundo tanto ni tan rápido. Nunca había sido el planeta tan pequeño, ni tantos los aliados ni los competidores. Nunca había sido la estrategia tan importante ni tan difícil. A mí, personalmente, me encantaría ver a Sun Tzu lidiar con el nivel de complejidad que deben afrontar hoy los estrategas.

Hay algunos indicios claros de por dónde viene la procesión. Como indica Frances Cairncross en La empresa del futuro, está claro que los trabajadores del conocimiento serán los exitosos del futuro, que la cultura y la organización –habilitados por las tecnologías de Internet– serán mucho más importantes que la tecnología en sí, que la colaboración y la confianza reemplazarán al secreto y al serrucho, y que el mundo entero vivirá cada vez más en “tiempo real”.

Capital de conocimiento. La necesidad de adoptar y asimilar las tecnologías de Internet no solo es clara: además es urgente. La importancia de cuidar a los clientes es igualada por la importancia de cuidar a los empleados (seres, no recursos). La administración del conocimiento cobra cada día mayor relevancia, el capital de conocimiento pronto aparecerá en los balances de situación.

El constante aumento en la velocidad del cambio obliga a estrategias altamente flexibles. El deber de todo estratega y tomador de decisiones es dejar siempre puertas abiertas. Hay que invertir a fin de comprar opciones para el futuro. Las decisiones que eliminan alternativas futuras deben ser evitadas, aunque sean las más eficientes en tiempo y costo.

Apuesta a educación. Costa Rica debe corregir y aumentar la inversión en educación. Debemos apostar a un sistema educativo fuertemente arraigado en la matemática, la ciencia y el arte, que produzca un contingente de capital del conocimiento capaz de generar enormes cantidades de riqueza y bienestar.

Juan Enríquez demuestra con claridad que la clave para el desarrollo no son los recursos naturales, ni las grandes extensiones de territorio, ni los millones de trabajadores. Hoy, un pequeño grupo de trabajadores, armados con el conocimiento adecuado, puede generar más riqueza que millones con vastos recursos físicos.

Un país con educación mediocre no tiene futuro, y, por más recursos naturales que tenga, reestructuraciones económicas que realice y estrategias de desarrollo que imagine, seguirá haciéndose cada vez más pobre.

Artículo publicado en el periódico La Nación