Flexibilidad estratégica

Abril 13, 2004 - Publicaciones

Todos necesitamos estrategia, no solo para competir, sino también para perseguir nuestros objetivos (sueños y anhelos) de una manera clara y congruente, sin sorpresas ni sobresaltos. La estrategia nos obliga a prospectar el futuro y reducir la incertidumbre, que es una de las mayores causas de la ansiedad, y la ansiedad un gran obstáculo a la felicidad.

Sun Tzu (circa 2500 a. C.) nos habla de posicionamiento. En el campo de batalla debemos posicionar nuestras fuerzas de manera que el enemigo prefiera rendirse que pelear. “Aquel que obtiene 100 victorias en 100 batallas no tiene la destreza suprema; aquel que vence evitando las batalla tiene la destreza suprema”. Muy bonito, pero ¿cómo traducimos o aplicamos ese concepto al mundo moderno en el que el campo de batalla (y el enemigo) no está tan bien definido y en muchos casos es virtual o global?

Mente de obra. Me parece que las principales diferencias entre nuestro mundo y el de Sun Tzu se han dado en los últimos 10 ó 15 años. Antes no era difícil hacer una analogía entre el campo de batalla y un mercado específico, o entre el enemigo y el competidor. Hoy no se sabe por dónde va a saltar la liebre, y siempre salta. Todos los días aparecen mercados y competidores nuevos, nuevos productos y nuevos modelos de negocios. Las barreras geográficas son cosas del pasado, aliados se convierten en competidores, privilegios de convierten en amenazas y activos valiosos de la noche a la mañana pasan a ser pasivos decrépitos. La obsolescencia anda suelta y cada vez más, la mano de obra es desplazada por la mente de obra. La imaginación es la mayor barrera a la innovación y también su mayor promotora.

El resultado del aumento constante en la velocidad del cambio es la innegable importancia de la flexibilidad. La flexibilidad está, hoy, en el centro de cualquier estrategia ya que los supuestos sobre los que se construye una estrategia casi nunca se mantienen suficiente tiempo para implementarla. Hay que poder reconocer los cambios en el entorno y reaccionar a ellos en tiempo real. Si a uno lo agarran “viendo para el ciprés”, la probabilidad es que no viva para contar la historia. Obviamente, cuanto más grande una organización, más difícil es dotarla de esta tan deseada cualidad. ¿Quiere decir esto que el futuro será de los pequeños? No lo creo; la importancia del tamaño y las economías de escala no van a desaparecer. Me parece que, ciertamente, los pequeños ágiles tienen un futuro interesante, siempre y cuando al crecer no pierdan su agilidad. Pero, obviamente, los grandes que adquieran y conserven la agilidad serán invencibles.

Agilidad organizacional. Las organizaciones funcionan ejecutando procesos, los procesos son implementados (en la mayoría de los casos) en software; de ahí la conclusión de que la agilidad organizacional depende de la flexibilidad del software. La flexibilidad del software es algo que siempre se ha buscado y, hasta hace poco, ha sido muy difícil de alcanzar.

La clave de la flexibilidad del software está en su arquitectura. Las arquitecturas monolíticas son totalmente inflexibles, las arquitecturas cliente-servidor tiene serios problemas de administración y escalabilidad. Las arquitecturas orientadas a servicios que se han desarrollado a partir de las tecnologías abiertas de Internet son la solución.

La mala noticia es que hay que cambiar los sistemas otra vez; la buena noticia es que en Costa Rica contamos con tecnología que nos permite automatizar gran parte de la transición. El próximo 6 y 7 de mayo, el Club de Investigación Tecnológica junto con el INCAE y el Object Management Group darán un seminario ejecutivo en el que se tratará el tema de la arquitectura de software como fuente de flexibilidad estratégica.

Artículo publicado en el periódico La Nación