Otra manera

Abril 22, 1999 - Publicaciones

Para generar riqueza siempre han sido necesarios los factores de la producción. La tierra, el capital y el trabajo también han sido, durante siglos, motivo de discordia. Ahora hay otra manera de generar riqueza, o si se quiere, un nuevo factor de la producción: el conocimiento, que no se hereda, no se roba, no se gasta, no contamina y tiene un efecto multiplicador en la economía que supera lo que cualquiera hubiera imaginado hace solo 15 ó 20 años.

El conocimiento no es lo mismo que el trabajo que se hace a base de conocimiento. El profesional liberal que vende su tiempo tiene cierto número de horas que puede vender, no más. La empresa de mayor valor del mercado hoy vende conocimiento, y cada vez que vende parte de ese conocimiento no solo el cliente y la empresa se benefician, sino también todos los clientes previos.

La principal diferencia con los modelos de negocio anteriores es que la empresa vende parte del conocimiento, pero la sigue teniendo (para volverla a vender); de hecho, el costo de producir y vender una unidad adicional es cada vez más cercano a cero. Adicionalmente, vemos la teoría de los rendimientos crecientes en acción: cuantos más clientes tengan una copia del mismo conocimiento, mayor valor tiene para todos.

Casi sin costo. El conocimiento siempre ha existido; la diferencia reciente viene de la habilidad de almacenar y comerciar el conocimiento a un costo casi cero, gracias a las computadoras. Un programa encapsula cierta cantidad de conocimiento, cada vez que se ejecuta el programa tenemos un ejemplo del conocimiento encapsulado.

Con el advenimiento de las computadoras personales, la Internet, y sobre todo, la convergencia entre las telecomunicaciones y la computación, ha quedado al descubierto la más inimaginable e inagotable veta de riqueza. La pregunta obligada es: ¿cómo podrá Costa Rica explotar esta veta?.

En los últimos tres o cuatro años se han producido enormes fortunas prácticamente de la nada. Las empresas de tecnologías de información han disfrutado de la mayor apreciación registrada en el mercado de valores. "El mercado está loco", dicen algunos; no es posible que una empresa nueva como Amazon.com, casi sin activos y sin haber reportado jamás utilidades, tenga un valor de mercado superior a $22.000 millones (más del doble del PIB de Costa Rica).

Muerte de la distancia. Un ligero análisis de esta locura del mercado revela la diferencia. Las acciones de estas empresas no son dominadas por los inversionistas institucionales, sino por el pequeño inversionista: los mismos clientes son los inversionistas. Nada de esto hubiera sido posible (por más desarrollos tecnológicos) sin la muerte de la distancia.

La muerte de la distancia ha llegado como una consecuencia de la revolución de las telecomunicaciones: más y mejores servicios de comunicación a menores precios. Lo cual, a su vez, solo es posible en un ambiente de competencia y transparencia.

En Costa Rica, después de ser de los primeros países en Latinoamérica en ofrecer Internet, la red ha crecido tan lentamente que todavía hay más usuarios académicos que comerciales. Pero no es la primera vez que desperdiciamos oportunidades. Después de abolir el ejército, en lugar de encauzar el ahorro hacia la competitividad, construimos una maraña de subsidios, protecciones, monopolios y otras distorsiones, todas tendientes a evitar la competencia y la transparencia.

Con la aceleración del desarrollo tecnológico el progreso deja de ser inevitable y cada atraso es una derrota más importante. Pronto no habrá más oportunidades para desperdiciar y no hará ninguna diferencia de quién haya sido la culpa.

Artículo publicado en el periódico La Nación