Pocas palabras

Marzo 24, 2004 - Publicaciones

Mi papá era un hombre de pocas palabras. Creciendo bajo su sombra, aprendí que el valor de las palabras es inversamente proporcional a la cantidad de ellas. Hablar poco es más difícil que hablar mucho, y mucho más efectivo. Para hacerlo, hay que escoger muy bien las palabras; para escoger bien las palabras hay que entender de qué se está hablando.

Cuando Amy, mi hija mayor, tenía 3 años, me dio la mejor definición de “pensar” que he oído en mucho tiempo: “Pensar es lo que se hace cuando no se está hablando”. Obviamente, quienes hablan demasiado no tienen tiempo para pensar, y los que no piensan no tienen ninguna posibilidad de entender.

Debe ser mucho más fácil hablar poco si se entiende mucho; esto es muy reflexivo ya que, al hablar poco, se tiene más tiempo para pensar y, por lo tanto, las posibilidades de entender son mucho mayores.

Visión y liderazgo. Muy temprano en mi vida de estudiante, mi padre me enseñó que “no hay sustituto para el entendimiento”. Esto siempre me ha parecido tan obvio que he olvidado repetirlo suficiente. Para mí es claro como el agua que sin entendimiento no puede haber visión, sin visión no puede haber liderazgo, y sin liderazgo es muy difícil (si no imposible) lograr los cambios necesarios para sacar adelante una familia, un pueblo o un país.

En 1969, mi papá entendió la importancia y la trascendencia de la computación para el futuro. De una manera muy sutil, y con muy pocas palabras, influyó en mi escogencia de carrera, pese a que la computación no existía en Costa Rica cuando entré a la universidad. A veces quisiera que nuestras conversaciones hubieran sido más frecuentes y más largas, con más palabras. Pero estoy seguro que la claridad con que hoy recuerdo las conversaciones con mi padre es una consecuencia directa de las pocas e importantes palabras que compartimos.

Preparación para el cambio. Costa Rica está a las puertas de grandes cambios económicos y tecnológicos. En los próximos meses, el país debe organizarse y prepararse para cambios trascendentales. El equipo económico, no hay duda, tiene el entendimiento, la visión y el liderazgo necesarios. El equipo tecnológico, por otro lado, apenas está empezando a articularse.

La Red de Internet Avanzada es apenas el primer gran paso en el cambio tecnológico que se avecina. El país necesita urgentemente desarrollar contenido para dicha red, librarse de los dinosaurios tecnológicos, instaurar el gobierno digital y transformar la educación para apoyar el desarrollo tecnológico y así poder cosechar el café del siglo XXI.

No hay tiempo para perder; a partir de un claro entendimiento se debe articular la visión y asumir el liderazgo necesario para hacerla realidad. En resumen, el país necesita menos palabras.

Artículo publicado en el periódico La Nación