Costa Rica necesita un simulador de tecnologías

Mayo 26, 2019 - Noticias, Publicaciones

La cuarta revolución industrial es un concepto acuñado por Klaus Schwab, hace tres años, para referirse al efecto de una serie de tecnologías disruptivas diseñadas a una velocidad cada vez mayor.

En el 2016, cuando fue usado por primera vez, se hizo referencia a la inteligencia artificial, la robótica, la Internet de las cosas, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, las ciencias de materiales, el almacenamiento de energía y la computación cuántica.

Sin duda alguna es una lista impresionante sobre inventos de los cuales oímos cosas nuevas casi todos los días, no solo por sus capacidades inéditas, sino también por las maneras como se combinan para producir innovadores productos, servicios y modelos de negocio.

Pero la trama es aún más compleja, pues no solo estas tecnologías causan disrupción a gran escala, sino que también, constantemente, aparecen otras de igual o con mayor capacidad de transformar nuestra vida de forma súbita. Un buen ejemplo es el blockchain, que no estaba en la lista hace tres años, y hoy está entre las primeras tres tecnologías con potencial para revolucionarlo todo.

La energía solar es otro ejemplo, cuyo costo está disminuyendo exponencialmente, al punto de ser actualmente la más barata del planeta. Se han adjudicado subastas a menos de $0,02 el kilovatio hora (kWh). Este mes pagué $0,22 por kWh consumido en mi casa.

Si la energía solar, generada de manera distribuida, se combina con las nuevas tecnologías de almacenamiento o baterías el resultado es todavía más disruptivo. Pero energía barata e ininterrumpida (que no se vaya la luz) es lo que todos queremos.

Adoptarlas

Sobrevivir a la revolución significa aprovechar las ventajas ofrecidas y adaptarse al cambio. En lo personal, quiere decir estar dispuestos a cambiar de profesión y resignarse a seguir estudiando el resto de la vida. Empresas e instituciones deben escoger cuáles de las nuevas tecnologías los harán más productivos y estar en disposición de invertir en capacitación para entender dichas tecnologías y entrenar a quienes sean desplazados.

Hay que buscar nuevos métodos de entrenamiento, rápidos y escalables: llegar a mucha gente con una inversión marginal, no lineal. El país debe formular política pública que facilite la adopción y evite la natural tendencia a tratar de detener el progreso.

Cuando me refiero a detener el progreso, imagino a los taxistas junto con los choferes de Uber protestando contra los vehículos autónomos. Los autos sin chofer tienen un enorme potencial disruptivo.

Si en Costa Rica mueren 800 personas al año en accidentes de tránsito, debe haber diez veces más heridas y hospitalizadas. Los vehículos sin conductor reducirán drásticamente esos números. Las presas desaparecerán porque nunca habrá vehículos atravesados en las intersecciones, ni viajarán a velocidades que no sean las óptimas para mantener el tránsito fluido.

Decenas de miles de choferes serán desplazados, por lo cual de manera muy rápida deberán ser capacitados. Los talleres de enderezado y pintura sufrirán una enorme reducción de demanda, al igual que los parqueos.

Retos y oportunidades

Decidir en cuáles tecnologías enfocarse es, ciertamente, difícil. Todas ofrecen oportunidades y retos. Entre las oportunidades se encuentran aumentos en productividad, eficiencia y eficacia, así como creación de novedosos productos, servicios y modelos de negocio.

Entre los retos, están el descalce de tiempos en que se destruyen y crean puestos de trabajo, la pérdida de competitividad de productos y servicios tradicionales, y la resistencia al cambio, entre otros.

Lamentablemente, no hay un receta que nos diga cómo sobrevivir el futuro. Hay muchas variables económicas, políticas y tecnológicas por tomar en cuenta. Dada la velocidad en que se crean las tecnologías disruptivas, así como la cantidad, es imposible pretender utilizarlas todas.

Se me ocurre formar un grupo interdisciplinario para analizar las variables económicas y políticas que resultarían afectadas por cada una de las tecnologías modernas, así como la relación entre ellas (las tecnologías y las variables), con la intención de construir un modelo para simular escenarios.

Un escenario interesante, entre muchos otros, podría ser adoptar masivamente la inteligencia artificial (IA), junto con la energía solar distribuida y el blockchain. Una manera de promover la adopción es la creación de talento a gran escala.

Efectos

Obviamente, la IA afectará diferentes sectores de la economía de diferentes maneras, por ejemplo, en salud, mejora la precisión de los diagnósticos. Se calcula que en pocos años ningún médico asumirá el riesgo de diagnosticar sin consultar a una IA.

En administración de justicia, la revisión exhaustiva de jurisprudencia se verá acelerada al punto de reducir significativamente los tiempos y recursos necesarios. En el sector de servicios financieros y de soporte, aumentará significativamente la productividad de los operarios, con la posibilidad de incrementar la cantidad de servicios o de reducir el número de operarios requeridos.

La reducción del costo por el uso de la energía solar distribuida derivará en nuevos modelos de negocios, por ejemplo, exportación de servicios de análisis de datos basados en enormes bases de información y la puesta en operación de servicios ultraseguros, basados en blockchain público, con algoritmos de consenso intensivos en energía.

La seguridad, confianza y transparencia que aporta el blockchain facilitará innovar mucho más allá de la salud y las finanzas. En todos los casos, se producirán disrupciones profundas con, potencialmente, impacto político negativo.

Otro escenario podría ser promover el uso de vehículos autónomos, robots (industriales, comerciales y agrícolas), junto con Internet de las cosas. Esto implicaría la comprensión política de que el futuro de muchos sectores es el aumento de la productividad, pero con una reducción de mano de obra no calificada mientras aumenta la demanda de técnicos especialistas en cantidades muy diferentes.

Debe haber docenas de escenarios factibles, todos con efectos diferentes en la economía y la política, escoger y apostar a algunos de ellos es una decisión difícil. Un simulador permitirá analizar los resultados antes de que sucedan, pero, como pasa siempre con los simuladores, el principal beneficio será un mejor entendimiento de las consecuencias de la revolución. Aunque también es posible ignorar lo que está sucediendo y dejar que el futuro nos sorprenda.

Artículo publicado en el periódico La Nación

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