De redes y libertades

Marzo 21, 2011 - Publicaciones

Compartir

Las recientes protestas populares en el Norte de África y el Medio Oriente provocaron diversas reacciones de los autócratas detentores del poder. Algunos de ellos hicieron gala de su tradición de restringir las libertades y trataron de aniquilar las comunicaciones telefónicas y por Internet.

El espíritu humano, en indomable búsqueda de la libertad, se ha servido de los medios de comunicación inalámbrica para informar e instar a la población a manifestar su descontento contra esos regímenes, y a organizarse para lograr un cambio en gobiernos que se prolongaban indefinidamente en el poder.

Organizaciones internacionales de voluntarios, como Avaaz.org, apelaron a la solidaridad mundial para combatir los apagones informativos ordenados en algunos países, proveyendo equipos de comunicación satelital para habilitar la Internet. Una manera eficaz de evitar el derramamiento de sangre ha sido el apoyo técnico y la distribución clandestina de módems y teléfonos por satélite, cámaras de vídeo y radiotransmisores portátiles.

Los activistas han podido difundir mensajes y vídeos en vivo, aún cuando los teléfonos e Internet estén bloqueados, para posibilitar la comunicación con el resto del mundo y atraer así el apoyo de ciudadanos y gobiernos favorables al cambio. Al conocer de este apoyo, las protestas han continuado y se ha reducido la posibilidad de masacres represivas en varios de esos países.

La información que generan los propios ciudadanos de base, difundida internacionalmente, ha dado visibilidad a los hechos y logrado enfrentar exitosamente a la propaganda oficial, constituyéndose en un escudo protector.

Los medios tecnológicos seguirán estimulando a las poblaciones a hacer valer sus derechos y libertades. “Puesto que la comunicación sin trabas de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre, todo ciudadano puede hablar, escribir y publicar libremente.” (Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, 1789).

Artículo publicado en el periódico El Financiero

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público.