El sudor de la mente

Mayo 25, 2006 - Publicaciones

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Cada vez son más frecuentes las referencias a la transpiración mental como fuente de riqueza y bienestar. La primera referencia que recuerdo fue hace un poco más de quince años. En una reunión mensual del Club de Investigación Tecnológica, un señor que no conocíamos (se había identificado como funcionario del Ministerio de Ciencia y Tecnología) pidió la palabra al final de la conferencia y nos habló del posible error en la Biblia.

Don Orlando Morales, muy elocuentemente, nos instó a ganarnos la vida con el sudor de la mente.

El año pasado Juan Enríquez, de manera contundente, nos demostró que aquellos países que insistan en vivir de cosas que se pueden ver y tocar serán cada día más pobres. Esta perspectiva lleva inmediatamente a la necesidad de reversar la tendencia que sufrimos, desde hace como 30 años, de franco deterioro de la educación.

Por suerte existen en el país iniciativas tan loables como la Asociación para la Promoción de las Matemáticas, y la Fundación Cientec, que ayudan a incentivar y mejorar la educación y el entendimiento de las matemáticas y las ciencias, respectivamente.

El otro lado de la jupa. Las ciencias y las matemáticas, no hay duda (así lo demuestran numerosos estudios) son vitales para el desarrollo de cualquier país. Pero, para suerte de muchos, resulta que no solo la ciencia y las matemáticas sirven para generar riqueza, el otro lado de la jupa también puede, y debe, ser fuente de incontables riquezas.

Las grandes sociedades industriales de Europa no dieron el salto a la sociedad de conocimiento, desechando la industria, lo hicieron (y algunos todavía lo están haciendo) a base de diseño.

Diseñar es una labor enteramente intelectual que, contrariamente a lo que podría uno creer, no se nutre exclusivamente de la inspiración, la transpiración mental es tanto o más necesaria. El diseño de cualquier cosa (productos o servicios) puede generar más valor que los materiales o los procesos empleados.

Valor agregado. El diseño permite agregar incontable valor a las cosas que se pueden ver y tocar, y a las otras todavía más. Una vacación bien diseñada puede eliminar la nocividad de las pésimas carreteras, el diseño de un par de zapatos puede valer muchas veces más que el cuero y la confección de ese calzado, el diseño de un servicio estatal puede agregar más valor que la tecnología empleada en entregarlo, el diseño de un modelo de negocios en Internet ha sido la diferencia entre las empresas que todavía existen y las que no.

Para mí está claro que este país de Dios no va a salir adelante trabajando más durante más horas. El futuro de este país, creo yo, está en la educación que distribuya el conocimiento y genere la creatividad que podamos utilizar para hacer las cosas mejores, no más baratas, ni más eficientes, ni más rápidas, sino, sencillamente, mejores.

El diseño requiere, sin duda, creatividad, La creatividad requiere inspiración, y transpiración basada en conocimiento. Hoy (y desde hace años) existe un cuerpo de conocimiento del diseño muy respetable.

El que dicho cuerpo de conocimiento esté envuelto en jerga algo incomprensible para nosotros, los tecnócratas, no le resta mérito ni importancia. La jerga pareciera una enfermedad común a todos los dominios del conocimiento.

Disertación el 29. Alice Ra- wsthorn ha sido periodista en el Financial Times y directora del Museo de Diseño de Londres y actualmente es la corresponsal de diseño del Internacional Herald Tribune y columnista del New York Times. La señora Rawsthorn disertará sobre “El valor económico del diseño” este 29 de mayo durante la inauguración del nuevo auditorio de la Universidad Véritas.

Espero firmemente que sepamos sacarle el provecho que se merece a la disertación de la señora Rawsthorn, que promueva el entendimiento en torno al valor y la importancia del diseño como ingrediente fundamental en la creación de riqueza

Artículo publicado en el periódico La Nación

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