Estabilidad

Agosto 9, 2006 - Publicaciones

Compartir

La estabilidad puede entenderse como la ausencia de hechos no esperados, y, por lo tanto, parece ser deseada por todos.

La estabilidad política y económica es siempre mencionada como necesaria para atraer inversión extranjera. La estabilidad política, imagino, se refiere a la ausencia de golpes de Estado, la económica a la ausencia de repentinas devaluaciones o crisis semejantes (como la de las pensiones y fondos de inversión de hace un par de años). La estabilidad emocional podría referirse a la ausencia de fuertes emociones (sobre todo las desagradables), la estabilidad mental a la ausencia de decisiones contradictorias o incoherentes, y la estabilidad sísmica a la ausencia de terremotos.

Resulta, sin embargo, que la evolución, el desarrollo y el progreso dependen todos de la inestabilidad. ¿Quiere decir esto que es natural oponerse al desarrollo y al progreso? Yo creo que no.

Algunas áreas del quehacer humano son más cambiantes que otras (por ahora). Parece ser cierta la teoría que afirma que los cambios comienzan despacio (pequeños cambios que suceden con poca frecuencia), y que su velocidad aumenta cada vez más rápido hasta que llega un momento en que la curva “dobla la rodilla” (hacia arriba) y los cambios se aceleran y adquieren velocidades que asustan (y que nadie reducirá).

Forma de vida. Los cambios que traerá a la humanidad la tecnología de información parecen estar a punto de “doblar la rodilla”, y cada vez se producen más cambios en un menor período de tiempo. Mientras, para algunos, el desarrollo tecnológico parece estar inestable y hasta fuera de control, para otros, el cambio es una forma de vida y, por tanto, no perciben (tanto) la inestabilidad.

En Costa Rica hay algunos sectores obsesionados con la estabilidad laboral, de manera parecida a como estuvieron en otros países hace 20 años. Hoy es bien sabido que la estabilidad laboral, entendida como una bajísima rotación de personal, incapacita tanto a empresas e instituciones como a sus trabajadores. Hoy se entiende que no es función del Estado proveer empleo sino promover la creación de empleo y proteger a los desempleados.

La economía basada en conocimiento nos obligará a una constante capacitación que nos permitirá cambiar de profesión u oficio varias veces durante nuestra vida laboral. Hace 10 años pensábamos que esto le tocaría a nuestros nietos, hace cinco pensábamos que le tocaría a nuestro hijos. Hoy tenemos dos opciones: o nos ponemos todos a estudiar o pretendemos detener el tren del desarrollo con un dedo y condenamos a nuestros descendientes a una vida de pobreza y miseria.

Para mí es bastante obvio que la evolución tecnológica se acelera cada día más y que la velocidad de cambio no se reducirá. Se espera que en 10 años tengamos computadoras con el poder de cómputo del cerebro humano, y que en 25 años haya computadoras con el poder de cómputo de todos los seres humanos. Me parece iluso esperar que la tecnología de software (que tiene menos de 50 años de existir) no responda al reto de dar, a esas computadoras, capacidades que hoy creemos reservadas al ser humano.

Peligro de oponerse. Primero las máquinas empezaron por realizar las labores mecánicas con muy poco contenido intelectual que realizábamos los humanos. En ese tiempo no faltaron los tarados que se opusieron al desarrollo porque atentaba contra la estabilidad laboral de muchos. Ahora es obvio que, cada vez, las máquinas automatizarán labores de mayor contenido intelectual.

Otra vez tendremos dos opciones: o nos dedicamos a desarrollar la inteligencia artificial o nos oponemos a la automatización generalizada, so pretexto de defender la estabilidad laboral, y nos quedaremos todos sin trabajo.

Es obviamente muy difícil predecir exactamente cuándo sucederán los eventos disruptivos.

Sabiendo, sin embargo, que sucederán, e ignorarlos con la esperanza de que no sucedan en nuestro tiempo, es increíblemente irresponsable.

¿Será verdaderamente imposible crear una cultura que ame la inestabilidad sin caer en la anarquía? Me parece casi obvio que aquellos que no le teman a los cambios disruptivos y se dediquen, por lo tanto, a producirlos, serán los dueños del futuro.

Un buen comienzo en esa dirección es crear una fuerza laboral que todos los días, cuando se dirige al trabajo, piense que hoy podría ser su último día en ese empleo. Algunos se refieren a esto como una fuerza laboral paranoica, otros sencillamente lo llaman aceptar el mundo tan cambiante en el que nos tocó vivir. Añorar el mundo de nuestros antecesores me parece una estupidez sin límite.

Artículo publicado en el periódico La Nación

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público.