La ventaja de estar atrasados

Junio 19, 2011 - Publicaciones

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Cada vez se escucha más acerca de la ventaja de estar atrasados. La idea es que al estar atrasados podemos aprender de otros y así evitar errores y riesgos. Un ejemplo reciente es la apertura de las telecomunicaciones.

Todos hemos oído comentarios acerca de cómo el atraso en la apertura permitió promulgar una ley de telecomunicaciones que evita los errores que han cometido otros, y facilitó el diseño de un esquema en que la empresa estatal compite en el mercado. Si la apertura es exitosa, tendremos una mayor penetración de telefonía móvil e Internet. Está demostrada una alta correlación entre el aumento del uso de estas tecnologías y el crecimiento del PIB, pero para que aumente la penetración, la relación precio-calidad de ambos servicios debe mejorar significativamente.

Calidad del servicio

Para aumentar la penetración de telefonía celular, es necesario mejorar la calidad del servicio sin aumentar el precio. El precio de la telefonía móvil, hoy en día, es muy bueno y, sobre todo, muy sencillo de calcular y entender. Todo parece indicar, sin embargo, que el precio tenderá aumentar y se tornará casi imposible de calcular y/o entender el costo de hablar un minuto por celular (los llamados “paquetes” mezclan el costo del dispositivo con las llamadas locales, internacionales, dentro de la misma red y entre otras redes).

Para aumentar la penetración de Internet, debe ofrecerse un servicio de banda muy ancha, tanto para subir, como para bajar información, a un precio mucho menor. Este mercado ya cuenta con varios operadores, pero no hay indicaciones de mejorías ni en los anchos de banda ni en los precios.

Vida útil de las tecnologías

Este ejemplo pareciera indicar que el costo de oportunidad pagado (crecimiento del PIB no realizado, precio de frecuencias reducido, etc.), no redujo mucho el riesgo de sufrir los problemas por los que ya han pasado otros países. Por otro lado, si la tecnología celular fuera a durar cien años, los diez o quince años de atraso inicial podrían compensarse con una pequeña reducción del riesgo. La vida útil de las tecnologías se reduce cada vez más rápido.

Otros ejemplos son los sistemas de compras y de pago de impuestos en línea, ambas iniciativas fueron adoptada por el gobierno hace más de diez años, ambas tienen el potencial de contribuir a las arcas del Estado (una produciendo ahorros, la otra produciendo ingresos) con varios puntos porcentuales del PIB. Este año, finalmente, se está implementando exitosamente el primero (Mer-Link).

Contabilizar el costo del atraso es difícil, pero no imposible. Cuando una tecnología es obviamente beneficiosa, como eran los tres ejemplos hace diez años, dejar de actuar, o practicar natación canina, tiene un costo muy alto. El alegato común es que si se hubiera actuado decisivamente hace diez años, se corría el riesgo de fracasar. Todavía hay idiotas que creen que administrar riesgos implica eliminarlos. Riesgos siempre hay; si no se actúa por miedo al fracaso, se perpetúa la obsolescencia, lo cual es, por definición, un fracaso.

Otra oportunidad

Hoy estamos, otra vez, ante la oportunidad de aprovechar, o no, una tecnología que proporciona beneficios de vasta proporciones. La computación en La Nube ofrece la posibilidad de reducir enormemente los costos y mejorar al mismo tiempo la calidad del servicio. Más aún, Costa Rica tiene la posibilidad de convertirse en un importante exportador de servicios en La Nube. A inicios de este año en Irlanda publicaron un estudio muy valioso que desglosa los beneficios potenciales de esta tecnología y el rol que esperan juegue en la recuperación económica de ese país (decenas de miles de millones de euros en exportación, empleo para miles de jóvenes, etc.). Los irlandeses, de manera muy acertada, identificaron como factor crítico de éxito para aprovechar esta oportunidad, el actuar rápido y de manera decisiva.

Aversión al riesgo. Todo parece indicar que en Costa Rica la aversión al riesgo impide aprovechar oportunidades. Se debe, por lo tanto, convertir las oportunidades desperdiciadas en un riesgo. El costo personal de no aprovechar una oportunidad debe ser mayor que el costo de fracasar en el intento, tanto en el sector productivo, como en el público y el académico. Los esquemas de incentivos actuales parecieran actuar al revés.

Artículo publicado en el periódico La Nación

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