Riqueza digital

Mayo 27, 2008 - Publicaciones

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Desde hace más de ocho años, durante la exuberancia irracional, la industria de las tecnologías de información y comunicación (TIC) excedió el millón de millones de dólares anuales en ventas.

Pero las ventas de equipos, programas y servicios de infocomunicaciones son apenas la punta del iceberg. Desde mediados de la década pasada, con la consolidación de Internet como la red mundial, basada en estándares abiertos, sin dueño ni centro de control, los efectos de las TIC en la productividad empezaron a hacerse obvios. Ya nadie invierte en tecnología sin un atractivo retorno sobre la inversión (por lo menos no en el mundo desarrollado). Incluso las tecnologías propietarias han tenido que bajar de precio para evitar la fuga masiva de clientes.

Riqueza digital. La creación de riqueza a partir de medios digitales, por lo tanto, se da en dos direcciones: la creación de productos y servicios digitales ( software , hardware y servicios), los cuales pueden ser obscenamente rentables (como lo demostraron primero Microsoft y ahora Google), y la utilización inteligente y educada de las tecnologías, la cual redunda en importantes aumentos en productividad (como lo han demostrado Singapur, Israel e Irlanda).

Las dos formas de creación de riqueza digital están estrechamente vinculadas en lo que se ha dado en llamar el ecosistema digital. El ecosistema digital, al igual que su contraparte biológica, se compone de numerosos actores que interactúan entre ellos, y con su entorno, de maneras muy variadas. En estos ecosistemas, la innovación es la clave de la supervivencia y el crecimiento. La innovación aquí, sin embargo va mucho más allá de la innovación en productos y servicios. Actualmente estamos viendo valiosas innovaciones en modelos de negocio, esto es, la manera en que se le agrega valor a los clientes –lo cual implica innovar en a relaciones entre los diversos actores del ecosistema–. Hay autores, como Gary Hamel que asegura que se genera más valor en los nuevos modelos de negocio que en los mismo productos y servicios que se venden con estos modelos.

Google. Tal vez el mejor ejemplo de innovación en modelos de negocio es Google, empresa de software que genera menos del 1% de sus ingresos de la venta de licencias de software . Algunos de los productos de Google son sumamente innovadores (por ejemplo, Google Earth), pero sus modelos de negocio suelen basarse en no cobrarle al usuario final de sus productos (los cuales, por cierto, están todos construidos y operados en software libre).

A mi me parece bastante razonable pensar que con gente tan talentosa como los ticos, y ventajas como: haber pasado millón y medio de niños por la aulas de la Fundación Omar Dengo, un clima envidiable, una estabilidad política importante y una ubicación geográfica estratégica, deberíamos estar produciendo mucha más riqueza digital de la que estamos produciendo. También me parece razonable buscar las causas de esto, en la estructura de nuestro ecosistema digital.

Ecosistema digital. Un análisis comparativo del nuestro ecosistema digital nos apunta a serios “huecos” o faltantes en él. Hemos detectado una escasez de profesionales y técnicos independientes (“free lancers”). Hay una escasez desproporcionada de profesionales y técnicos especializados en tecnologías abiertas (como el software libre). El mercado de contrataciones externas (“outsourcing”) de la operación de sistemas es desproporcionadamente reducido.

A pesar de que en Costa Rica somos ávidos usuarios de Internet, entre los 20 sitios más visitados del país solo hay uno de contenido local. Todavía hoy, las empresas e instituciones que cuentan con un oficial en jefe de Información (CIO) reportando al más alto nivel, son una minoría. La lista de deficiencias estructurales de nuestro ecosistema digital es más larga (otra, obvia, es la falta de un mercado de valores, pero esa afecta a toda la economía, no solo la digital).

Identificar las posibles causas de estas carencias es probablemente el primer paso para tomar el camino del alto crecimiento de nuestra riqueza digital. Corregir causas como la cultura adversa al riesgo, la resistencia al cambio y el reducido tamaño del ecosistema es difícil, pero eso no es motivo para no intentarlo.

Artículo publicado en el periódico La Nación

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