Transparencia digital

Junio 18, 2006 - Publicaciones

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No hay duda que la tecnología digital promueve y puede implementar mucha transparencia, pero la implementación de la tecnología en sí (la que a su vez va a implementar transparencia) debe ser transparente, sobre todo en el sector público.

Durante años se ha hablado de las ingentes inversiones en tecnología y el retorno, o falta del mismo, sobre dichas inversiones.

Cuando una empresa o institución adquiere una tecnología que no se adhiere a estándares, está creando una relación de dependencia con el proveedor, ya que en el futuro, cada vez que requiere ampliaciones o modificaciones, solo se pueden contratar con el proveedor original. Este es el caso, muy comentado, de las compras de centrales telefónicas que, cuando el ICE requería aumentar su capacidad, debía hacer una compra directa por “proveedor único” (afortunadamente, esa tecnología ya pasó a mejor vida).

Enorme reducción. También se han comentado las adquisiciones de grandes computadores de tecnología propietaria por parte de instituciones del Estado, que no solo cuestan muchísimo más que las tecnologías abiertas, sino que, además, impiden la oferta de servicios de calidad al público. Si bien no se han acabado del todo, las compras de dichas tecnologías se ha reducido enormemente, ya que aunque es mucho más fácil adquirirlas por compra directa que licitar tecnologías abiertas, creo que ahora les da (por lo menos un poquito de) vergüenza seguir comparando esas tecnologías. Sin embargo, para los sistemas que ya están en esas tecnologías, no es del todo fácil migrar el software, atrapado en los equipos de tecnología propietaria, a los equipos de tecnología abierta. De hecho, solo el ICE ha iniciado dicho proceso, las demás instituciones están “estudiando el problema”, y mientras tanto han tenido que hacer algunas ampliaciones por compra directa (millones de dólares).

Pero son los sistemas nuevos los llamados a traernos transparencia y ya no los construyen sobre equipos de tecnologías propietarias. Ah, pero los construyen con tecnologías de software que sí son propietarias. La lógica pareciera ser que es mejor depender de un proveedor de software que depender de un proveedor de hardware, cuando en realidad todos sabemos que es exactamente lo mismo: depender de un proveedor es garantizarle ingresos futuros, en una empresa privada eso puede ser inconveniente, en una institución pública es ilegal.

No es lo mismo, ni por mucho, sistemas de software basados en estándares abiertos, que no generan dependencia con el proveedor, que software libre o de código abierto. Son cosas totalmente diferentes. Pretender que el Estado funcione únicamente con software libre o de código abierto es discriminatorio, irracional e impráctico. La propiedad intelectual del software es conveniente reconocerla, ese es el motor de la industria de software. El mismo respeto por la propiedad intelectual del software lleva a permitir, más no exigir el software libre, en igualdad de condiciones.

Sin dependencia. Mas el sof t-ware basado en estándares abiertos es, en la mayoría de los casos, software que tiene dueño y tiene costo pero, por adherirse a estándares abiertos, no crea dependencia, ya que siempre es posible cambiar el proveedor por otro que también se adhiera a dichos estándares. Los estándares abiertos son definidos por organizaciones independientes, sin fines de lucro, en un proceso abierto. Un proceso de definición de estándares es abierto si toda la información está disponible para todos y al final el código de referencia del estándar está también disponible para todos.

En un principio, hace como 15 años, los proveedores de software no estaban interesados en los estándares abiertos, ¿cómo iban a estarlo? Pero los usuarios sí. Han sido los grandes usuarios de software (como el Departamento de Defensa) quienes han impulsado los estándares abiertos; hoy la mayoría de los proveedores de software reconocen la importancia de los estándares abiertos, y ofrecen productos que se adhieren a ellos. Claro está que tampoco son majes, la mayoría de dichos productos ofrecen “características especiales” que hacen al software más rápido o eficiente, y el cliente (que a veces si es maje) que escoge usar dichas características, cae en la trampa y empieza a depender del proveedor.

Es, por lo tanto, sumamente deseable que todas las adquisiciones de software, tanto en el sector público como en el privado sea totalmente transparentes, que en los casos en que se adquiera un software que no se ajusta a los estándares abiertos se haga de manera consciente, explícita, debidamente justificada y, de ser posible, que se indique cuánto tiempo durará la dependencia que decidieron establecer con el proveedor. Es la experiencia que la transparencia hace que a algunos les dé vergüencilla seguir en el vacilón.

Artículo publicado en el periódico La Nación

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